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Joaquín Sabina: la buena vida de Praga

Escrito por Daniel Sanz / 1 de diciembre de 2009

Con sesenta años, el eterno canalla vuelve con Vinagre y Rosas, su decimonoveno disco, que nace de un arrebato nocturno en un bar de Madrid y se fragua en burdeles y borracheras de Praga con su amigo, el escrito Benjamín Prado.

Con sesenta años, el eterno canalla vuelve con Vinagre y Rosas, su decimonoveno disco, que nace de un arrebato nocturno en un bar de Madrid y se fragua en burdeles y borracheras de Praga con su amigo, el escrito Benjamín Prado.

Más que canciones, en este nuevo disco de Sabina, rebosan los versos de dos poetas carcomidos por la necesidad y la desesperación. Tras cuatro años sin publicar nada, el cantante de Úbeda continúa en su línea de poemas desgarrados y voces de la calle.

La idea surgió en un bar de Madrid

En esta ocasión le acompaña Benjamín Prado, compañero de nocturnidad y cubatas, cual Sancho Panza. De noche y con dos copas en la mano, surgió la idea, cuando al escritor le dejó su novia. Su amigo Sabina no se lo pensó. Necesitaba volver a sus inicios; a las tragedias amorosas que tanto éxito le han dado a este bandido de pelo cano.

Praga fue el destino elegido por los dos caballeros. El primero, roto por un desamor; el segundo envuelto en una comodidad incapaz de sacar ni un mísero verso. Una combinación explosiva en una ciudad lasciva.

Vinagre y Rosas tiene mimbres de buen disco, aunque no llega a la etapa de plenitud del jienense. La mentira puede funcionar si no has escuchado anteriormente nada del poeta, aunque hay destellos de expresiones punzantes que tanto caracterizan a Sabina. En el disco hay de todo: amigos, poetas, y ciudades. Pero sobre todo rock and roll.

Tiramisú de limón, su primer single

La voz desgarrada del cantautor llevaba cuatro años sin sonar. Ahora lo hace con Tiramisú de Limón, la canción con la que se abre el disco. El tema empieza con aire porteño, pero pronto se tiñe de rock.

Pereza, Serrat, Guti y Pancho Varona, sus fervientes groupies, también participan en este disco. Sabina se ha acomodado, pero de manera eficaz. Lejos queda aquellas épocas en las que Joaquín confeccionaba música y letra. A pesar de todo, tumbar al genio a componer, es algo muy complicado.

En total son trece nuevas canciones, de las cuales once fueron creadas en el viaje de complicidad y algún que otro exceso de Praga.

Con el nuevo disco, publicado el pasado día 20, Sabina vuelve a la carretera. Kilómetros, plazas de toros, estadios y furgonetas. Madrid, Perú, Buenos Aires. El de Jaén sigue conquistando corazones con ese ritmo cabaretero tan peculiar.

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